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En 1924 en París, el escritor francés André Breton publicó el Primer Manifiesto del Surrealismo y define el nuevo movimiento como "automatismo psíquico puro a través del cual proponemos expresar, ya sea verbalmente o por escrito, o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento".

El surrealismo amplió los límites de la percepción del hombre, dio nuevas alternativas para explicar todo aquello que crea en su mente, nos brindó opciones para materializar esas imágenes, sonidos y aromas que sólo existen para uno mismo. Marcel Duchamp metió objetos cotidianos a un museo, Salvador Dalí contradijo la consistencia física de los objetos, Kandinsky hizo volar caballos azules, a René Magritte, su propia imagen en el espejo le da la espalda. Para ellos y muchos más, la esencia de su obra radica en los sueños. El lienzo surrealista está lleno de sujetos y objetos reales en un espacio imaginario, cada objeto es real en sí mismo, pero inmerso en una lógica contraria del mundo que compartimos con otros seres humanos.

Dicho la anterior, Mulholland Drive es una experiencia onírica que juega con los sentimientos y los estados de ánimo, va de la violencia y la inocencia, a la burla y raya en lo absurdo, todo con un magistral manejo de cada situación, íntimamente ligado con una estética que nos remite al mundo de lo imaginario, y sin embargo, es tan real, que nos hace despertar sudorosos:

Es un mundo inexplicable.
Es una película inexplicable.

Es como el sueño de una noche, es la misma historia contada con los actores intercambiando roles. ¿Qué quiere decir? No lo sé y creo que no importa. Buscar su lógica es como querer materializar lo etéreo. David Lynch (El hombre elefante -1980, Blue Velvet -1986, Dunas –1984, The straight story -1999) nos mete en ese mundo de espiral laberíntica y premia nuestra osadía con sensaciones y sentimientos que nada tienen que ver con los elementos falsos y engañosos del cine comercial actual. Filmada de manera impecable, es un magnífico ejemplo de cómo el cine es también una obra de arte, una película de autor, con grandes complicaciones técnicas porque es un arte multidisciplinario que requiere destreza en la utilización de los elementos que lo conforman y sobre todo, destreza para manejar los sentimientos y las emociones de la gente.

El ritmo de la película es particularmente notable porque utiliza el tiempo y el espacio para crear su atmósfera: Silencios prolongados, expresiones de gente que no acaban por estallar, mímica, mensajes truncados, imágenes repetidas, otras superpuestas, algunas retocadas y todas pintadas con el juicio de la parodia, la risa y el terror. Expresiones desencajadas, caras cortadas, reacciones estáticas, en fin, un universo de lo descontextualizado.

Mulholland Drive es una obra contundente que por más incomprensible, nos mueve los sensores que solo están activos en los sueños para recrear emociones concretas y dispares.

Si eres propenso a la insensibilidad, no la veas, los demás, corran a verla en pantalla grande antes que la quiten de cartelera.

José Martín Sulaimán

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Sueños Misterios y Secretos
(Mulholland Dr.)


Imagen 2001 Le Studio Canal+

Le Studio Canal+, 2001
145 minutos

Dirigida y escrita por David Lynch
Editada por Mary Sweeney

Elenco:
Justin Theroux .... Adam Kesher
Naomi Watts .... Betty Elms
Laura Harring .... Rita
Ann Miller .... Coco Lenoix
Dan Hedaya .... Vincenzo Castigliane
Mark Pellegrino .... Joe

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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